¿Qué anida en mi corazón?
¿Qué lamento se aloja en mi alma?
¿Qué silencio ahueca mis alas?

Oteo los vientos que rasgan mi alma.
Merodeo por los recovecos que cierran oscuros silencios.
Siseos de aire que enquistan el tiempo.

Salto a destiempo y siento un eco indescifrable.

Se perdió el tiempo como arena mojada que pierde humedad cuando el sol le da.

Un sueño o un recuerdo.
Una palabra o un eco.
Un te quiero o un te miento.

¿Qué es todo eso?

Vivir tiene su precio.

Te busco y no te encuentro.

Cuando ante mí te tengo, te pierdo.

El abrazo no llega a dentro.
La mirada a veces rasga.
Otras veces traspasa.

Los ojos que no encuentran ecos, se apagan.

Los años dejan sus marcas.

No son los años, son los desdichos y las acciones frustradas.
Son los desencuentros de almas que vagan.

Retorno al cubículo de la Madre.
En ella se ampare.

Abierto en ocaso.
Cerrado a poniente.
Mirando de frente.
Reverso y anverso.

Converso.
Pirata del verso.
Remedo se siente.
Opuesto a simiente.

Ríe y lacera.
Enquista.
Suscita.
Revienta.

El hilo se rompe.
Ovillo que rueda.
Palabras alertas.
Recodos oscuros.

Silentes sirenas.
Hienas hambrientas.
Laureles del tiempo.
Cenizas perfectas.

Mudas de sudarios.
Ropas en andrajos.
¡Respira!
¡Escucha!

Palabras huecas.
¿Tendrás respuestas?
Las que quieras.
Sordina de feria.

En ellas dispuesta.
Recorres hiriente.
Cierras puertas.
Ventanas lapidas.

Techo que te aplasta.
Paredes.
Huecos.
Cavernas.

El cuerpo te atrapa.
El alma se escapa.
Pierdes esperanza.
Ruges a tu sombra.

Rastreas el suelo.
Oteas el viento.
Ahogas tu intento.
Hasta otro momento.

Dime:
Porqué tu ausencia ha dejado de dolerme.
Porqué el aire no huele ni el agua sabe.
Porqué sigo pisando el suelo y acabando la tarde.
Porqué mi silencio ha tomado cuerpo.
Porqué no espero a nadie.
Porqué …

Ya es tarde.

Han pasado los días.

Ahora recorro el tiempo que deshojo el calendario apartándote de mi paso.

Saliste por tu voluntad o la de otros, pero lo hiciste.

Creí que no conseguiría regresarme a las cosas.
Pensé que mi alma no sabría encontrar el retorno a su lugar.

Veo desde esa distancia que me pone en el punto de mirada otra.

Es cierto.
He pasado el proceso.

No soy la misma.
Se me calló el pellejo.
Vivo en otro cuerpo y siento que dejé uno de los muchos que van quedando de mi largo caminar.
Solté lastre.
Marchaste.
No volverás.
Tuve que acostumbrarme a negarme.
Sé que fue así y no de otro modo, pero me parece algo que no tiene que ver con mi persona.
Siento la extrañeza de la cosa otra.

A veces digo tu nombre, sin saberme. Me detengo en el pronunciamiento y siento que te vas.
Te diluyes en la nada.

En alguna parte estás, pero para mí has muerto.
Ya me saqué el sudario.
Del tuyo, tú sabrás.

No nos vemos ni nos hablamos.
No nos sabemos.
Nos hemos alejado.

Atrás ha quedado el encuentro por el que hubiera negado mi mismidad.

Así son las cosas.
Nos creemos en algo trascendental.

Interpretar los signos para actuar sin presionar sobre la puerta del destino.
Atizar el fuego que en rescoldos anuncia que algo queda y se puede dar.
Esperar esa palabra que no llega, con la duda de una certeza imprecisa.
Equivocarse sin poder evitarlo, dando un paso hacía atrás cuando debería serlo a delante.
Así caminamos, sin poder remediar el mal ni prever el paso que se debería dar.
Contundente golpea la conciencia y anida en la frente de la duda sempiterna.
Estarás a mi lado de verdad, o acaso disimularás para evitarme el golpe que certero me ha llegado.
Acaso me he equivocado, o te das la oportunidad de callar y acallar el rastro que deja tu silencio, en el suelo empedrado de la húmeda y oscura galería del olvido del amigo que otro tiempo estuvo contigo.
Miraremos tiempos en que nuestras palabras hacían sonar el arpa.
Estaremos en disimulo construyendo un edificio sin cimientos.
Perderemos ese tiempo, precioso, por no ser capaces de decirnos la verdad.
Saldremos descalabrados y añorados de pasados.
Enredaremos en excusas vanas lo que sabemos que mañana quedará arrinconado en el olvido.
No nos volveremos a mirar.
Se nos hace necesario olvidar.
Dejar definitivamente en el saco roto del olvido los deseos placenteros que anidaron y ahora en vacío han caído para nunca más.
Así es la carga de la conciencia.
Nada es para siempre.
Todo fenece y muere.
Se termina la cuerda del ovillo que rodando fue por ese laberinto del encuentro fortuito.
Y recordaremos ese momento en que nos fue dada la vida con su brillo.
Eso hará más doloroso continuar entre las sombras de no más.
No busques otra oportunidad.
Venció el plazo de ese encuentro.
Abre tus alas al viento.
Otro aire te hará alzar el vuelo.
Y un buen día recordarás que sufriste el fracaso de tener que olvidar.
Lo harás sin sentir el trago amargo que ahora te toca seguir.
Estarás en esa encrucijada de la vida, mirando hacía atrás.
Diciéndote que estuviste allí.
Es posible que en ese momento nada de lo que arguyas sea cierto.
Los recuerdos se acomodan para librarnos de todo mal.
Al final no diferencias si fue o es, o si será.
Un relato que de un guión marcado está pertrechado.
Volverás sobre los adoquines de la ciudad húmeda, en la noche oscura.
Sentirás los pasos que del eco creerás te están siguiendo.
Temerás tu sombra.
Estarás perdido porque no te fiarás ni de ti mismo.
Entonces te recluirás entre las cálidas frías paredes de tu casa desolada.
El techo se hundirá y aplastará tu alma.
Morirás.
Sabrás que viviste en esa calle y pisaste los suelos que recorren pasos infantiles que ríen.
Vivirás el adiós antes de tiempo.
Correrás el riesgo de rasgar tus vestiduras y huirás.
Saldrás corriendo hasta alcanzar el precipicio por el que irás cayendo.
Ese día la cordura tironeará con fuerza agarrándote con sus garras y evitando que te caigas.
La sonrisa imprecisa de algún niño que observe tu gesto en desvarío hará que sientas que en otro tiempo fuiste ese niño.
Te tomará de la mano y sentirás el calor que de sus venas a las tuyas traspasará.
El alma herida encontrará cobijo.
Volverás al banco solitario sintiendo la compañía del niño que en tu infancia se soñó ángel.
Ese día, plácidamente recorrerás el camino de retorno.
Pasarán por tu lado creyendo que ese cuerpo anciano está dormido.
Sólo un niño, alargará su mano a tu mejilla y dirá que estás frío.
Le apartarán temerosos de tu muerte.
Como si al hacerlo pudiesen evitar su futuro recorrido a tu final.

Has tirado de mí cruelmente, sin darme respiro.

Has herido con tu daga mi destino plácido.

Has roto a pedazos la quietud de mi alma.

 

Te has tomado el tiempo necesario para darme caza.

 

Soy la cierva enmarañada en la zarza.

 

Has venido cauteloso a mi zaga.

 

En silencio engañoso.

 

He visto tus tretas y he sabido que en ellas caería.

 

Así ha sido.

 

Triunfante harás alardes de tus triunfos.

 

Temerosa esconderé las ganas.

 

Sabrás que, aún queriendo, la negación será el tanto.

 

Simplemente verás que eludo la mirada y bajo la frente.

 

Estaré pendiente de tus pasos.

Buscaré tu rastro.

Seguiré cada uno de los arcos de tu sombra almidonada.

 

Y quizás mañana olvidaré el impulso que me tiene ahogada.

Ella vendrá a llamarme al reclamo del momento que da su fin.

Ella mirará de soslayo sabiendo que me he negado.

Ella recriminará con un gesto y yo encogiendo los hombros la seguiré.

 

Dirán quienes no saben, que fui cauta.

Dirán arrogándose un saber que desconocen.

Atribuirán lo que no es.

Se darán golpes en el pecho.

Creerán saber.

 

Ignorantes seguirán creyendo que viví una vida buena.

Cantaran mis preces y leerán salmos de alabanza.

 

Así, hasta que un buen día abran mis secretos, si dan con ellos.

Entonces me tirarán al barro y dirán que ya se veía venir.

Juzgaran con saña.

Encenderán la hoguera y en ella quemaran los ecos de mis letras.

 

¡Nunca fui!

Eso será así.

 

Es posible que te ausentaras y yo no me apercibiera porque las cosas me tenían entretenida e impedían que me diera cuenta de que te ibas.
Es posible que ya no tuviéramos nada más en común.
Es posible que hubiéramos gastado las ganas de sabernos.
También puede ser que te fueras olvidando mi calor.
Que miraras a otro lado obviando mi presencia imperecedera.
En esas estamos amigo, en esas.
Te has ido por el camino que una estela luminosa puso ante ti.
Veo el rastro sobre el aire.
Te podría seguir, pero para eso tendría que sentir.
Tendría que saberme en ti.
No es así.
Te has ido y en un recuerdo difuso sabré que un día fui para ti.
Se me vale que no creo en lisonjas ni promesas, que no espero más allá del momento en que se concitan los encuentros.
No me resiento.
Pienso.
Rememoro.
Recupero otros momentos que la memoria atesora.
Sin acritud.
Otras almas han posado sobre la mía y la han llenado de alegrías.
Si me hubiera quedado engarzada en ti, así no sería.
Habría enmudecido.
Me habría marchitado.
No sería otra cosa que una sombra imperceptible de lo que fui.
Desprenderse es bueno.
Es el paso para el viaje de esta aventura, que es la vida.
Medio siglo me mira.
Mañana está en mi expectativa.

Me sientes ausente.
Ya no estoy disponible.
Me he ido a dar la vuelta al mundo.
He cerrado la casa y he tirado la llave.
Vendrás mañana y no sabré que así ha sido.
Nos dijimos adiós sin decirlo.
Ahora caigo en cuenta.
Te has ido o me he ido.
Nunca sabremos cómo ha sido.
No respondí a tus letras o desoíste las mías.
Nos dejamos el gesto en el camino de vuelta.
Tú venías y yo me iba.
O fue distinto.
Era yo que venía cuando tú ya te habías ido.
No aclararemos nada.
Me paro a pensar que hubo un día en el que podíamos estar.
¿Lo hubo o fue un sueño?
¿Has sido?
¿He sido?
¿Dónde quedamos?
¿Acaso fuimos?
Y si lo he soñado y en ese momento no estabas ni estuve.
Y si sólo es quimera de mi mente.
Y si tú piensas lo mismo.
¿Qué hicimos?
¿Qué fue lo que perdimos?
Tengo la boca seca y la sangre quieta.
No puedo volver allí.
Debo seguir.
Perpetrar el paso posible que me haga seguir.
Se van yendo.
Un día me tocará a mí.
Entonces, si alguien lleva el mensaje, recordarás que un día fui para ti.
Quizás entonces sepamos, tú aquí y yo allí.
Entretanto, tenderé puentes al aire para que algún día a tu paso uno te ponga en la ruta que perdí.

Arrastro

Compongo
Dispongo
Diluyo
Concluyo

Tiempo en uno manifiesto

Instante
Momento
Infinito
Eterno

Parada del tiempo

Abierto
Doy paso a la vida
Entrego
Derivo

Diluyo las formas en polvo

Conforme
Asiento
Disiento
Estrecho

Perpetro un nuevo momento

25 de Mayo de 2007

Te miro a los ojos
hermoso recuerdo
escuchando el silencio
del viejo pasado

Bajo al ocaso
del tiempo presente
se siente la vida
se siente la muerte

Cercena la herida
de ola batiente
recorriendo los ayes
de ronco silencio

Retomo la senda
camino despierto
entre tanta gente
que nada siente

Me miro en tus ojos
me siento valiente
Amada del alma
querida de siempre

Compañera mía
mi vida
Siempre
que los días vienen

Recorro el recuerdo
de tiempos oscuros
Persigo la luz
entre tus silencios

Me mezo contigo
en un mar de espuma
De noche me abrazas
bajo el claro de luna

19 de Junio de 2007

De nada te sirves.
A nada sostienes.
Cuando nada tienes.

Remedas tus pasos.
Sientes los latidos.
Alargas tus brazos.

Se han ido.
No han venido.
¿Cómo ha sido?

Pensaste, acaso, que sería distinto.

No tuviste lazos en los que apoyarte.

Fueron otros pasos los que atentaste.

¡Tente!
¡No pases!
¡Detente expectante!

Verás que nada es nadie.

A penas sabrás recordarte.

¿Por qué lo miraste?