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Cuando entro a mirar esos lugares, supuestos, virtuales y recorro los escritos que en ellos cuelgan como ramaje, me entra la inquina y pienso que son como la niebla que un buen día desaparece sin dejar ni rastro en el paisaje. En este caso el del alma.
A pesar de este sentimiento, caigo en el mismo tropiezo, será por aquello de que siempre tropezamos en la misma piedra, aunque sea repetitiva la acción a la que nos enfrentemos. Vuelvo, tras escribir mis textos, a dejarlos a la vista de quienes no tenemos/tienen otro objeto que mirarse en si mismos(as). Nuevamente hago la pantomima de esperar rastros ajenos.
Será posible que no lo pueda evitar, y vuelva a darle paso para que, ante un escaparate repleto de cachivaches, se entremezcle y saque pecho atendiendo al intelecto fatuo de lo indispuesto.

Me temo que no dimos el brazo a torcer. Se suponía que el mundo tenía unas reglas que debían seguirse. Hicimos castillos en el aire y crecimos entre sus pasillos, recreando historias que ahora siguen siendo creíbles a los ojos del alma.
No abandonamos el niño o la niña que nos cobija.
Nada de lo que se nos ofrecía era suficiente, los libros y los trazos en el tapiz eran atrayentes. Con ellos podíamos construirnos todos los mundos imaginados.
Nos era posible acceder a esos universos construidos por almas gemelas.
No nos bastaba el aire en la cara y la puesta de sol deseada. Era necesario reconstruir en renglones lo que el alma vive.
Nada tiene un solo plano.
Te tienes y tienes al tiempo que sientes y percibes. Todo lo quisieras llevar a ese rincón del recuerdo que la letra permite.
Los deseos quiebran el aire.
Las palabras no sirven a nadie.
Las miradas son de alguien.
Las rodillas en el suelo rompen y parten.
Flaqueza de los que ya nada valen.
Roces furtivos al tiento de esa tarde.
Registros en la memoria distorsionada.
Reglas rotas para sacarnos las ganas.
Impresionan la retina del alma.
Volutas se elevan y toman rumbo.
Corriente de agua te arrastra.
Buscas encontrarte en los brazos del no amante.
A él reclamas lo que en nada te regala.
Por él crees que te vinieron las ansias.
Equivocaste el intento y persistes en él.
No hubo momento, y a su pesar insistes.
Crees que intentarlo lo posibilitará.
Aunque así lo quisieras, no habrá tal.
Se fracturó antes de empezar.
Rostros que ríen un encuentro posible.
Su soledad se enreda en miradas falsas.
Quejas te embargan, de arrancarlas te dan ganas.
Recorres un camino empedrado y empañado.
Debieras tomar el mando, aún hay tiempo.
No dejes en otras manos lo que de la tuya está.
Remando harás bogar tu barca, hasta adentrarte en el mar.
No temas las algas que vienen en tu busca, ellas te acunarán.
Las olas acompasaran tu paso.
Suave paño te cubrirá.
Del más allá no volverás.
Aquí nadie lo esperará.

Abrió los ojos sin apenas darse cuenta. La luz se había colado por las ranuras de la persiana no bajada del todo. A su alrededor todo en blanco. En las paredes ningún cuadro. Hacía tiempo que no colocaba sus carteles, de aquellas películas que quería recordar. Los tenía enrollados en uno de los muchos rincones articulados.
Pensó en lo dulce del despertar natural, cuando nada te apremia y el cuerpo se abre paso a la actividad.
Los ruidos de la calle empezaron a serle audibles. Recordó lo mucho que le había costado adaptarse a ellos. No podía soportarlos. La ponían de los nervios.
Reconoce que se crispa con ruidos insistentes.
Los de la calle lo son, pero uno acaba formando parte de su propio paisaje.
Años atrás, sacaba el despertador del dormitorio para poder dormir. El ruido de la aguja se convertía en martirio a altas horas de la noche, cuando al insomnio le daba por tomar su voluntad.
Empezó a aceptarlo y a vivir con él. Cada noche, al caer la tarde, se retiraba a sus aposentos. Le hizo gracia cuando ella le dijo aquello. Esa expresión prevalece en su recuerdo, cargada de muchos elementos, aquellos que en su momento fueron un infierno y ahora recuerda que fueron.
Tumbarse y dejar que la mente volara. Es posible que eso sea el motivo de su verso libre. Ahora se levanta y enciende el ordenador, tomando el teclado por banda.
Ese poema que evoca nunca fue de su copla.
Había pasado el tiempo, su cuerpo no daba opciones. Se acabo el movimiento. ¿Sería ese el momento? Posiblemente lo fuera.
Se percata de que no es esa su cama, ni sus paredes, ni su casa.
Un gemido.
Un lamento.
Alguien sostiene su mano, se rompe y llora.
Mágica fue tu mirada cuando llegaste a mí, haciendo que sintiera aquello que en otro tiempo y momento sentí. Era por ti. Tus susurros me hacían temblar cuando, queda y silenciosa entre mis brazos, te dejaste besar. En ese instante, el rayo debiera haber dado fin a la existencia que hoy me arrastra sin darme pausa.

Mágica fue tu mirada cuando llegaste a mí, haciendo que sintiera aquello que en otro tiempo y momento sentí. Era por ti. Tus susurros me hacían temblar cuando, queda y silenciosa entre mis brazos, te dejaste besar. En ese instante, el rayo debiera haber dado fin a la existencia que hoy me arrastra sin darme pausa.
Un momento para pasar de largo.
Un instante para el silencio.
Un hueco en el tiempo.
Duelos a coro y silencios.
Abre las alas y vuela.
Sé pájaro libre.
Amplía horizontes.
¡Vive!
No te resientas de lo que perdiste.
Olvido ha tomado su nombre.
Tristeza, su apellido.
Camino, su destino.
Zapatos nuevos para este cuerpo resentido.
Pon tu pie sobre la arena y arrastra tus penas.
Abres tu daga sobre mi garganta que espanta, ahuecando silencios desoídos y trasmitidos por mente oclusa, que informe conforma un mensaje que a nadie dirige.
Ella tomo su manto sobre tu cuerpo cortando sus alas.
No hubo aliento.
No hubo esperanza.
Hubo una decisión que te puso por encima de los mortales que esperan ante tu mortaja.
Has dado el paso temido.
Has dado el paso eludido.
Qué saben quienes esperan, de tu larga espera.
Esos segundos que se multiplicaban ahogando tus ganas. Robando el sereno sentimiento que te hubiera dicho que hay un mañana.
Es tarde.
Mi mano no alcanza a la tuya.
La tuya está distante.
Vendrás por el aire.
Vendrás en momentos en que ni tan siquiera sepa recordarte.
Mis canas serán ceniza.
Vendrás a buscarme.
Más de una vez he jugado contigo, creída que de ti me evadía.
No sabía, bien se valía.
Fuiste eco. Ocluso silencio.

La sibila
Era una historia tan triste que todos lagrimeaban y se encogían. Cuando dejó de contarla salieron por entre las rendijas, compitiendo con las arañas, susurrando palabras amargas. Tanto dolor desperdigaron, que el cielo se cubrió de nubes. Esas nubes trajeron tormentas, derramando agua salada, manada de sus lágrimas como una fuente.
Ella salió, recogida en sus pañuelos grises de seda ajada, rastreando entre el salitre de las paredes viejas.
A lo lejos el búho soltó su eco, ululando al cielo en noche de luna negra.
Silencio roto, entierro de lo siniestro.
Las almas buscaban dónde esconder su agónica plegaria, aunando su latido con la nada.
Un abismo compartido abriría las compuertas para darles cobijo y aliento para seguir mañana en el intento.
Cerrarían sus miedos en un sueño incierto.
Las encaladas paredes, sobre barro, recogerían ese nuevo salitre, el que ella repondría para añadirlo a su argumento terrible.

A su alrededor, al caer la tarde, todos expectantes escucharían los sortilegios de nuevos rezos.
Querían sangre.
Temblaban.
Tiritaban.
No les bastaba.
Ella veía las dilatadas pupilas que la miraban.
Alimentarlas era su destino.
Falsa catarsis.
Hubiera querido explicarse con palabras dulces y esperanzas.
Era imposible.
Querían lo que tenían.
Ella no.
Quería un mundo libre con alegría.
Nunca podría recrearse en cuentos de los que antaño eran de hadas buenas.
Los recordaba.
Su madre se los contaba, mientras entre sus brazos la acurrucaba.
Ese recuerdo la mantenía.
Sabía que un buen día el gris se pintaría de los colores que ella veía.
Empezaría.
Ellos huirían.
Bastaría un resquicio de luz para alertarlos.
Eso no era lo que querían.
A su servicio se sentía esclava.
Proferiría nuevas palabras.
Al viento las gritaba, en silencio.
Retando al aire hueco.
Una palabra ensamblada
corpórea
enquistada
susurrada
descompuesta
lexema de nada
siniestra
indispuesta
fonemas que cantan
enroscados
enredados
petrificados
PALABRA:
http://es.wikipedia.org/wiki/Palabra
LEXEMA: el que contiene la significación
FONEMA: entidad fonéticamente
Una suma de monemas, un monema, una unidad significada. Un significado. Un signo. Cuerpo sígnico.
Significado de nada.
Sonidos audibles. Concordes. Acordes.
Recesos de todo movimiento.
Silencios de huecos perpetuos.

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