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Una muchacha envuelta en un chal descolorido se acurrucaba en la escalinata. Él con su traje y corbata pasó de largo, pero volvió sobre sus pasos al recoger un olor a pétalos de rosas secas. Se paró ante ella sin saber que hacer. Dubitativo, estuvo a punto de dejarla allí y seguir su camino. Cuando estaba a punto de hacer ese movimiento unos ojos anegados en lágrimas lo miraron desde abajo. No pudo evitar agacharse y acercarse.
-¡Hola! ¿Te pasa algo?- Se oyó decir con un eco quedo y extraño.
-No, nada- respondió ella con palabras que nada decían de lo que él intuía.
Recogiendo el impulso se sentó en uno de lo escalones que quedaba más abajo y mirándola le lanzó una sonrisa cálida.
-Podemos hablar, si quieres- dijo con inseguridad. No se sintió confiado, algo le advirtió de lo inapropiado, pero ya había dado el primer paso. No podría volver atrás aunque quisiera, sintió como unas garras le atravesaban. Vio esos ojos centelleantes mirando a su través. Tras él una figura arqueada se adentraba, tomándole como esclavo.
De pronto, vio ante sí la película de una vida anodina, la suya.
Valdría la pena el cambio.
Ahora la sentía próxima.
Ella en un guiño le admitió a su lado. Cogidos de la mano, bajaron la escalinata.
Tras ellos quedaron aquellos elementos que no le serían necesarios.
Abanicos de colores se abren cuando paso entre letras escritas con tu nombre.
Se escriben colores de abanicos con esas letras que rememoran tu nombre.
Tu nombre escrito me trae colores que se abren y cierran en esas varillas de abanicos.
Colores que tu nombre concita evocando las varillas coloreadas de un abanico abierto.
Eres de colores cuando te pienso.
En ese abrir y cerrar produce un chasquido coloreado.
Abanico que con su parloteo hace que olvide ese nombre que en colores pinté antes.
Todo era de color, el agua y el aire con su transparencia podían librarme.
Con tus colores me amaste antes.
Suena el zumbido interior.
Eres color.
Eres mi amigo.
El de siempre.
El de antes.
Nos perdimos en ese camino empedrado que traspasamos otro tiempo para hoy perdido.
Fuimos.
Fuiste.
Tuvimos.
Estuvimos.
Mira que todavía vuelvo con el pensamiento.
Date cuenta que aunque hayamos escrito otras historias la tuya y mía quedó aquí dentro.
Una palabra sola cumplió un destino.
Quedándose en la sombra de tu abanico.
Colores que tú y yo reconocimos.
Substancias que iluminaron tus ojos reflejando mi cara en ellos.
Esa sería la única promesa incumplida que siempre añorarías.
Tu cuerpo engarza en el mío como si fuera su horma.
A medida, con la curva precisa el cuerpo se ensambla.
Fuimos y eso nos basta.
Escritas con tu nombre.
Si se enfocaran con la mirada seguro que quedarían remarcadas.
No es cosa de magia.
Es la vida que quedó en ellas en nostalgia.
De todas las omisiones o mentiras empañadas alguna verdad saldrá a flote para quienes no tengan ni ganas ni interés de mirarlas.
A quien sino a ti y a mí importan estas palabras.
Sueltas en ellas las riendas salgo a pastar a mis anchas.
Bonitas o no que lo sean, no importan esas palabras.
Verdades ocultas entre ellas a nadie prestan ni mandan.
Verso corto o largo no cumple otro que hacerse quebrar para de todo ello saldar la cuenta de lo que nunca se dirá.
A quien le importa.
A nadie le importará, a menos que sea otra cosa lo que se pueda encontrar.
No has inventado nada.
No estaba por inventar.
Has venido a ocupar tu sitio.
No había otro lugar.
El de las letras cortadas te lo vas a aplicar.
Dibújame una ola que salte por encima de todo lo que aquí asalta mi alma.
Déjame oler el agua del mar que recorre al llegar.
Deposita entre mis dedos un quejido y un lamento.
No hay más tiempo.
Recorro a traspiés lo que nunca pude hacer.
¿Podré sentarme a la orilla y sentir como la arena se desprende de mi piel?
Puede ser.

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