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Distancias
Barreras
El tiempo confluye en ellas
Romperlas es abrir puertas
Dar alas al alma frente a un cielo abierto
Cerrar el ciclo para poner la mirada sobre el camino
No hay caminos sin razones
Todos ellos cierran y abren, aunque rompan
Disponible hasta que el giro deje la espalda expuesta
Cerrando la compuerta
Predispuesta para tomar el petate y seguir a delante
La vida es el reto de la renovación
Bajas al pozo oscuro del alma para reconocer la luz
¡Una estrella brilla!
¡Está en mi alma!
¿Vendrás mañana?
Aunque no fuera así, me bastaría esperarla
Siempre es posible sentir el cielo bajo el que camino
¡No es el mismo!
¡Yo sé!
¡Y qué!
Nada más cuenta
Hay que tirar el lastre para seguir
Este viaje ha de ser en ligereza en la piel
Mudas
¡Eso es!
Muchas de ellas alfombran sobre las nuevas piedras
Cantos rodados desgastados
Remontan al origen
Las grandes ofrecen en él posibles
El río no siempre va a parar al mar
La nube lo hace remontar
En granizo se diluye
En nieve se remansa
En agua se fractura
Él me trae la palabra
Sana mi alma
A esos lares iré, pero después
Si obvio la distancia, es posible que florezca la retama
Hago recopilación importando de blogger contenidos que he publicado a lo largo de mi actividad bloguera.
El amante deseado no es dado.
Lo recreas por tu mano alargándola en el alma y disipando su añoranza.
Él abrió las venas para sangrarlas.
Hubiera sido posible y cuando lo fue no estuviste.
Desencuentros antedichos y predichos.
La vida es así de triste.
Un sueño es lo que tuviste, dulce niña, en ese encuentro.
Le sentiste.
Por él bebiste los vientos.
Alimentó tu aliento.
Le creíste.
Ahora piensas carcomida que fue un juego que alimentó su ego.
Te resistes.
No concedes al tiempo de ese romance equívocos ni engaños.
La trastienda te presenta otro plano.
Saliste de la maraña que enredaba tu alma.
Ahora piensas y te descubres en la dicha de la calma.
¿Fue el último trago o has de esperar otra espada?
El amor tiene estas cosas.
Es el vaso que no sacia la sed que siempre arremete en tu ser.
Hubieras sentido y vivido.
Miras al hueco de lo que dejaste en el camino.
Nada es previsible.
Seguiste lo indecible.
Sin embargo seguiste y estás para decirte.
Moradas del alma quedaron cerradas.
A cal y canto las has tabicado.
¿Será errado, o al contrario, es lo adecuado?
Hermanos de sangre allí han quedado.
Hermanos y hermanas por ellas pasaron.
De este crimen vital te has deshojado.
Cerrarías la puerta de un portazo, dejando la llave del otro lado.
¿Lo harías?
Muchas veces lo has pensado, pero el aleteo sutil de la mariposa que te acompaña lo ha parado.
Un gran sunami se ha avecinado y ha habido diques que lo han parado.
Cuando la soga parece ahogarte surge el impulso para salvarte.
¿De qué te evades?
Unas veces paras y miras el vacío que te acompaña, viendo un mundo descolorido y sin sentido.
Otras, oyes el viento y el aire que te acaricia y hace sentir que aún hay alguien al otro lado del mundo esperando tu latido.
En ese caso, dejas que la caricia amanse tu gatuna sensibilidad dejándote tocar y amansar.
La fiera se dulcifica y asienta en la yoidad sin la doliente necesidad.
Buscaste en ellos aquello que sólo en ti puedes hallar.
Esa es tu paz.
Dejar de buscar.
Abro un hueco en tus entrañas para que el hado venga a devorarme con ellas.
Enrosco la cuerda en mi cuello mientras tu brazo en el serpentea abriendo paso al silencio.
Miro al vacío que se abre paso a mis pies mientras pienso que camino pisando sobre suelo sólido.
Respiro hediondos gases que aunque envenenan mi sangre dan paso al futuro que se tiende ante mí.
Construyo y ensarto las letras maltrechas.
Respondo al sino que marca mi destino ausente.
Enhebro la urdimbre huera de mis pesares.
No tengo salidas de escape.
Los pistones por presión de aire me retienen y contienen.
No pretendo otra cosa que narrarme en el arco del tiempo del que mañana será tarde para argumentarme.
Espesura y maraña enredada en lianas construidas en la rueca imaginaria.
Nada es algo.
Puro hartazgo de ventura dispuesta al auto engaño.
Han hecho de mi planos en los que se arrugan y pliegan mis esperanzas vanas, replegadas por orillos de membranas enlodadas y oxidadas.
¡Vendrás mañana!
¡Sé que me aguardas!
Lo supe en la cuna y de ella arrastro la desesperanza vana.
Un sueño terrible anida en mi alma.
Abriría las venas para sanarla, si en ello alcanzara el silencio que temo tras la muerte no se alcanza.
Pienso en ese otro espacio del ser al que tiendo y la silla quebrada se astilla mientras espero pasar el mal trago espectado.
Escribo para recoger lo que temerosa veo tras él.







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