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Escribía como si en ello le fuera la vida.
Es que le iba.
Esa fue la razón que la tuvo tiempo ante el ordenador.
Dejó de lado papeles y lápices.
Tiempo atrás, instrumentos para sus vuelos de paloma.
Al principio, imprimía para leer y leerse.
No recuerda cual fue el momento en que sus dedos ágiles tomaron el tiento, desgastando las letras más concurridas.
La e, una de ellas.
La a, por supuesto.
La ese, la o y la ele.
No sólo esas.
Ene y eme, se jalean en confusos velos de invisibilidad, llevándola a confusiones por no saberlas tantear.
Otras letras, entrevistas.
Sin embargo, necesita iluminarse el camino para no perderse.
Aunque los dedos saben sin verse.

Por mucho que tires de ellas,
no podrás cogerlas.

Las palabras inciertas
cobran cuerpo y son aire.

Aplacan silencios.

Se abren como pétalos
soltando aromas
que a veces recoge alguien.

Si es así, cumplen su finalidad.

No siempre se les da la oportunidad.

Ríos que van a parar a un mar de silencios.

Ecos devueltos en los muros de lamentos.

Venimos dispuestos a tenderlas sobre la hierba de nuestros sueños.

Palabras hiladas con pulsos de deseos.

Un te quiero dice lo que ellas callan.

Un abrazo perpetrado buscando retazos de amistad.

A ellas no van.
Buscando con candiles apagados en la soledad.

Mañana arrasará el polvo.
Posiblemente alguna sobrevivirá.

Entonces tú y yo estaremos en la verdad.

La que tira de nuestro cuerpo hacía el origen.
La que arrastra el dolor de saber que allí estará.

El alma nos engarza en supuestos que nunca se darán.

ÁNGEL CAÍDO

De qué te sirven las alas, si te arrastras.
Ángel caído, en arenas movedizas, por hacer frente a la mentira.

Palabra herida.

Buscas salida.

Mirada oclusiva.

Ensalzas al cielo para que las puertas abra y zanje para siempre con el olvido la ofensa del caído.

No hay perdón para el vencido.

Si hubieras sido cauto, habrías callado.
Hubieras mirado para otro lado.
Como el común de los mortales.

No soportaste el silencio.
Se hizo hueco en tu pecho, abriéndolo hacía el abismo.

¡Silencio!

¡No calles!

Ya hablaste.

Ahora, renqueando, busca una mano compasiva que de ti se apiade.

No deberías.
Será el desprecio lo que te alcance.

Si pudieras doblar el tiempo, harías lo mismo.

Es inevitable.

Tú eres la víctima propiciada.
Sobre ti cuelga el fardo del desdicho.
Cargas sobre tu espalda las plagas y las muertes del paciente que alza sus plegarias.

Tu sacrificio fue vano.

Como siempre.

De héroes están las tumbas llenas.
Y de supervivientes, barrigas saciadas.

Entre tanto, andamos ungidos por mentiras.

Aceptamos.



La imagen es un fractal generado con FTP. Para ver más fractales ir a: http://picasaweb.google.com/Labrysmoom

Cierras las puertas al mundo porque éste te hace sentir frágil.
Abres los ojos al alma pensando que en ella descansas.
Pausas tus tempos y escuchas dentro.
Encuentras atisbos que te engarzan.
Piensas que lograste enredarte en ella.
Sin embargo, descubres que quedas ante el abismo de lo intangible.
Respondes como puedes y tiras para delante.

¿Hiciste lo que pudiste?

No hay remiendos para lo que no te asiste.

El recorrido persiste.

Viviste en tu momento.
Ahora es otro tiempo.
Hubieras deseado la calma de lo que no cambia.
Si así fuera, sabes que no sería tal y que tú misma, por lo que de inquieta eres, saldrías en busca de algo más.

¿Nada sacia tu voluntad?

Lo que hoy parece saciarte, mañana no va.

Aprendiste que los sueños pueden mortificar.
Te alejaste de ellos pensando que podrías tomar sus riendas.
Caíste en caminos enmarañados y voluntades ajenas.

Te evades.

No es ese tu lugar.
No hay lugar.

El tiempo te enseña que a pesar de tu aparente reposo, bulle tu alma.

Falsa calma.



Es posible que te acostumbraras a los cantos de palomas en el tejadillo que cubría la balconada de tu casa.

Ahora rememoras esos aleteos y te ves mirando al norte, a las montañas nevadas, en una primavera naciente.

Soñaste desde esa abertura al mundo.

Cuanto darías por recuperar los sueños que hilaste en noches estivales, al atisbo de la luna.

Pensaste en el amor promesa de un muchacho que te cortejaba.

Con él hubieras tenido lo que no elegiste para tu vida.

Las vueltas que da la vida.

Si hubiera seguido la estela marcada en aquella temprana relación, hoy serías abuela.

Así eres como una niña que todavía se sueña.

Observaste la danza a que se entregaban los palomos para captar la atención de la grácil hembra.

Una vez hablaste de esa danza ante un público de mujeres, que ahora serías incapaz de enfrentar.

La inocencia y la falta de experiencia quedaron atrás.

 

Una hoja en blanco es una promesa de paisajes y momentos.
Ante ella manifiesto que vivo y siento.

De ella saco las ganas para darme aliento.
En ella compongo versos narrados o textos de prosa en verso.

Ahora a ella vengo dispuesta a darle lo que de mí tengo.

¿Será posible abrir la brecha del tiempo?

Al menos lo intento.

Queda eso.

Cuando las palabras sueltan esquirlas de pensamiento, en ellas tengo un asidero del tiempo.

Frases sueltas que van hilando mis cuentas.
Las cuentas ensortijadas en líneas que van desangrando la blanca superficie sobre la que taladran y hienden.

Me gusta seguir desenredando la maraña que obvia mi palabra.

Sueños se anteponen.
Los hay en estas noches.
Significados que tendrán razones o se perderán en ellos mismos.

Ahora quiero poner en orden o sacar de dentro.
No se sabe.
Se tiene ante las manos el latido del teclado.

He estado en el vacío de la mente perpetrando lo que salga en el presente.
Hablar de futuro es extraño, tiende a la veta del origen. A él quiero dirigirme.
Con mis miedos y dudas, peor inevitablemente conducida.
No tengo otra salida.
No la tenemos.
Se impone a todas nuestras cuitas.
He pasado por letras mías de hace un año.
Tantos días recorridos y en algunos aspectos sin avance alguno y en otros incluso en retroceso.
Nos dan una medida lineal del tiempo, pero estamos en ellos como en un magma caótico.
La mente no tiene ese pulso.
Lo da el paisaje externo que abre el manto del mañana y cierra el de paso.
Empujando.
Dando codazos.
Nos desplaza.
Aunque queramos entretenernos en el instante, este escapa de nuestra mirada.
De él quisiéramos ponernos como ante un espejo que refleja el semblante, pero no es algo que esté a nuestro alcance. Nos elude y evade.




Bienvenidos a mi espacio sideral

Cerró el libro con la sensación de estar flotando en ese universo narrativo.
Solía enfrascarse en las historias que leía con saciedad.
Aquel librito había permanecido en la estantería durante no se sabía cuanto tiempo.
Recordaba sus encuentros con ellos. Los libros fueron su pasión.
Nada más le había arrastrado en la vida.
Se recordaba a la sombra de un árbol, mientras su padre iba de un lado a otro en busca de esos barbos que acabarían en la sartén para la cena.
También escribía versos. Largos poemas de reivindicación, que un buen día acabarían alimentando el fuego de la caldera de la calefacción, en aquel tiempo en que tenían esa en la cocina de la casa.
A su lado tuvo una caja con jerséis gastados para arropar a Currito, su cordero.
Su tía le había llevado el segundo de un parto.
A decir de ella, la oveja sólo se ocuparía de uno, y a ese habría que alimentarlo con biberón.
Hizo un biberón con una botella pequeña de cerveza, de las de quinto, con una tetina que encontraría en la farmacia.
El día que decidieron que debía ser alimento, ella enfermó ante el plato.
Le entregaron su piel. Con ella vivió sus primeros años de libertad.
Una libertad que ahora sabe perdida.
El final te vuelve a la nada, pero ese retorno es crudo y áspero.
Leer la evade de ese sentimiento.
Ha viajado de la mano de esa heroína de cuento.
La que expuesta a la masacre de esas guerras tribales, escapa y ve como el hombre al que ama se desangra, salvando el pellejo tras el percance.
Las hordas humanas han dado cuenta de las vidas que a su paso se cruzaban, pero la heroína será quien narre el hecho, para ello es ella quien sale indemne en el cuerpo, que no en el alma.
Aquella novela empezaba en un jardín y un recuerdo de antiguos amantes desgastados por el tiempo.
Termina tras el fuego de la pasión y el remanso del recuerdo de ese amor.
Su vida no tiene mansas aguas.
De ella se aqueja.
De ella se espanta.
Volvería a andarla con el lastre que la acompaña.
No se elige. Los pasos te conducen.
No en vano, se depende de todos los anclajes.





 

¿Y ahora qué queda?

Queda seguir en el punto del alma que un día se quedo atrapado cual mariposa que aproximándose a la llama quedó allí extasiada.

Queda mirarse desde dentro y estimarse como el mejor de los regalos de la vida.

Queda estar en un camino propio del que nadie será tenido en cuenta hasta que el olvido sea definitivo.

Queda explicarse a lo largo de renglones escritos al desaire.

Queda dejar de hablarte para seguir la vida sin tu compañía.

Queda el retorno a la misma soledad.

Queda cultivar aquel jardín que por descuido ha dejado crecer hierbas en desorden anulando aquello que otro tiempo era propio.

Queda saberse en un recorrido por el propio trayecto vital.

Queda ser en una mirada propia.

No es fácil.

Ahora el camino es largo.

Sin retorno a ese estado de ambigüedad que ha durado largo tiempo en un si un no que no has sabido aclarar.

El raciocinio no ha sido capaz de dar forma a la escapada.

Ésta ha sido dada sin poderla controlar.

En este momento la quietud se impone.

Los sentidos están dormidos.

Los deseos no demandan.

Te dejas llevar.

La única referencia es tu propia huella que sobre el suelo deja rastro difuso.

Sales de ese cubículo maternal que un día, a la fuerza, tuviste que abandonar.

Nada te toca.

Nada cobra valor a tu alrededor.

Todo resbala sobre tu alma.

La entrada está cerrada.

Sabes que a partir de ahora el camino es más largo.

Si han sido meses llegar a este punto, ahora son años.

Será el viaje iniciático que te acercará a ese nivel del alma en que las cosas terrenas dejan de tener importancia.

Sabes que el tiempo en ti se para. Que un buen día el espejo te devolverá la mirada. Te verás desde el lado en que sabrás, de nuevo, que otro paso has dado.

Se antepondrá a ti un nuevo caminar.

Nunca más volverás a mirar.

Ya no va contigo.

No es algo que tú debas cuidar.

Está en manos de otros.

A ti te queda un futuro de largo recorrido en el que caer a nuevo abismos.

Ese es tu camino.

Ahora es el momento de lamer tus heridas y reponer las fuerzas perdidas.

Un mechón blanco se abre paso, marcando que el camino de la diosa está tomado.

Amaste al joven rompiendo todos los límites.

Le amaste hasta la locura.

Llegaste a ese límite que casi por descuido te dejó pendida en el aire.

Le amaste porque el alma reconoció aquello que tus sentidos negaban.

Amaste.

No amas.

Quedas herida.

Un helado rayo se clavó en tu alma.

El corazón no sangra.

El corazón bombea.

Vino un ángel a liberarte.

Sus preguntas abrieron esa salida.

No te engañas.

Cuesta decirse las cosas.

Las cosas se imponen.

Nada en ti entra a la fuerza.

Una vida que sigue su rumbo, como muchas otras.

Tu presencia en la vida no es otra que la de moverte en medio de sentimientos que arrastran hoyando en tu alma.

A mi esperanza le falta algo.

Un no sé qué.

Un no se sabe.

Quizá mañana tras la maraña detecte que me he olvidado y no sepa de qué.

Quizá anoche mientras dormía vino un ángel a recordarme que aún estoy viva.

Es muy posible que del olvido nunca me olvide.

Es muy posible que ni siquiera lo resucite.

Es muy posible que nunca tenga que ir a él.

Mi vida entera está contenida en un deseo atribuido a una quimera.

Yo no he tenido.

Yo no tendré.

Fue con el aire.

Se fue con él.

No me recuerdes.

No me pienses nunca.

Yo nunca fui.

Era un engaño que me lacera.

Lo he olvidado a base de una quimera.

Quiméricos sueños me lo trajeron, con ellos sea.

Que te olvidé.

Eso es mentira.

Te olvidaré.

¿De qué?

¿De quien?

Nada es serena voz de mi vida.

Todo es un sueño que recordando parece memoria de una ilusión tenida.

Confundo un algo que no ocurrió.

Difundo un viento que no soplo.

Lacero el alma con un dolor que no existió.

Discurro en versos lo que no se dio.

Al aire, de la mañana helada, le lanzo secas palabras, para que se congelen y petrifiquen tras las montañas, adhiriéndose a las rocas, para que las hierbas lo achiquen y mezclen con tierra que sirva de base a alguna planta que florezca y fructifique.

Yo estoy seca. De mi útero no hubo fruto ni lo habrá. De mi alma hubo deseo que muerto está.

Vagaré sin alma por este mundo baldío recreando versos vacíos.

Nunca oirás si no quieres.

Nunca verás si tampoco.

No vale la pena que por aquí te pasees.

Alegra tu vida en la luz que te ilumina.

Construye tus propias zalemas, que las mías ya no son tuyas, que yo ya no miro tu cara, ni tu sombra, ni tu memoria. Que he cerrado con llave y cadenas tirando todo resquicio y posibilidad.

Que aunque quiera me negaré toda posibilidad.

He venido a derramar el veneno que me daña.

He venido a salpicar con él mi mala saña.

He venido a lavar mi ofensa.

Ahora queda la tristeza, la tiesura de no más.

Ahora queda corrompida la memoria de verdad.

Este duelo ha sido largo, por tu engaño y falsedad.

Fue cobarde tu postura y por ello me tiraste al lodazal.

Sé que en nada me has ganado.

He dejado de adorarte, de quererte y desearte.

He dejado de mirarte y ahora queda olvidar que ese daño ha secado mi esperanza.

Queda decir palabras insanas que lavan y curan el alma.

La vida es así de ingrata.

El mayor de los engaños es el que una misma se da.

No me engañaste.

Me creí que lo que tenías era espejo de lo que por ti yo sentía.

No fuiste capaz de evitar que mi alma se enganchara.

No sabías ni sabrás.

Es la mano del inocente la que más daño te hace, pues para no decir que no, aparenta y es peor.

Es tibia la calma que se avecina.

Cae la venda de los ojos.

No te creas.

Cuesta mirar allí dónde lo estás viendo.

Ves que te enredan.

La mentira piadosa es la más dolorosa.

Te engañas con esas patrañas.

Dejas constancia.

Un día lees esas palabras y constatas que sabiéndolo seguías ciega.

Los ojos ven lo que el alma niega.

Ha costado leer y romperse.

Al fin pasas por esos versos sin más sentimiento.

Ya nada te hiere.

El olvido es manifiesto.

Nada es otra cosa, que mero recuerdo.

No hay daño ni dolor.

No hay ningún sentimiento.

Te has desprendido de lo que a esa vida le pase.

Miras afirmaciones pasadas y no las encajas.

Declinas en ellas palabras.

Delirios fueron que te hicieron ver ante ti falsos movimientos.

Caminaste en un malvivir.

Ahora renaces.

Un invierno que se avecina se compone de brotes nuevos que dentro de cubículo maduran.

El corazón en tus manos cuidado.

Eres quien se cuida de ti misma.

Soñaste sueños que creíste verdades.

Tú ya sabes.

No importa.

No duele.

Renaces.

Tras la infección de ese infecto sentimiento te reconoces sanada y fuerte.

Liberada.

No hay dolor. Si lo hubo todo ha ido al mismo saco del olvido.

Nada queda.

Recuerdas que hubo alguien.

Uno de muchos que con el tiempo no será ni olvido ni nadie.

Jugó contigo. Ni siquiera eso te afecta. Es indiferencia.

Llegas al final de este camino.

Para emprender otra senda se hace necesario limpiar el camino.

Hoy recibiste una sonrisa abierta.

Eso quiere decir mucho de ti misma.

Recibimos en acto reflejo lo que proyectamos sobre los otros.

Sorprendida no entendías a que venía tan buen recibimiento.

Ahora sabes que es tu gesto el que transmite serena mente y placidez.

Lo que tanto buscaste se ha posado en tu hombro dándote la luz que proyectas.

¿Será el aura que se manifiesta?

Antes debía ser una oscura sombra de dolor que crispaba el contacto que nadie sabía interpretar y tú menos aún.

 

Noviembre 2009
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